Se dice que nuestro gran deporte nacional es el “chaqueteo”. Una conducta que responde al interés que nadie sobresalga del resto. Es una mescla de envidia con egoísmo. Busca impedir que alguien sobresalga de la masa.
Si a un empresario le va bien;…a debe estar lavando dinero. Si un trabajador tiene éxito;..a es espinita, chupamedias. Si es un político valorado;…ese compra votos. Y podemos seguir con una larga lista. Es cierto que no es nuevo y parece que forma parte de la parte oscura de la naturaleza humana. Recordemos que ya de Cristo decían,…”que puede decir ese que es hijo de Carpintero”.
En la política es normal escuchar que lo que hace bien un sector el contrario siempre lo encuentra mal. Muchas veces no se dan el tiempo de estudiar, pero se oponen casi por “principio”. Eso lo vemos en la política de ayer y de hoy, claro que ahora con los roles cambiados. Los que ayer pedían una oposición constructiva hoy caen en lo mismo y paradójicamente los que ayer eran acérrimos opositores hoy cuestionan a la actual como obstruccionista. ¡Qué frágil memoria tenemos!.
Lo claro es que en este gran chaqueteo nacional es el país el que en definitiva se ve afectado. Porque todo se hace más tedioso y complejo. Porque no prima el interés nacional sino el sectorial.
Sin embargo el chaqueteo chico nos afecta el día a día y hace que debamos estar siempre cuidándonos las espaldas. Porque por lo general esos comentarios se hacen en pasillo y no a la cara del afectado.
En el ámbito de la política al país le hace muy mal el que cuando un grupo llegue al poder considere que lo que hicieron los demás está mal e incluso están dispuestos a manipular la información estadística, como ha quedado en evidencia con el tema de la pobreza y el porcentaje considerado por el gobierno que la CEPAL demostró que era falsa. Eso es una barbaridad y estupidez a la vez.
Lo más lamentable es que el “chaqueteo” incluso se da dentro del mismo sector. Acabo de experimentar esta situación en el solo cambio de un alto ejecutivo entre personas del mismo lado. Quién asume cree que para fortalecer su propia gestión es menester cuestionar o atacar la gestión del antecesor. Qué gran equivocación, siempre terminará empequeñeciendo la propia.
Cuando se refiere a una ciudad o a un país, el chaqueteo se transforma en un tremendo atentado para su proyección. Más allá de que la imagen ciudad o país del antecesor sea buena o mala, hay que cambiarla, sea como sea. Eso afecta su proyección porque internacionalmente no entienden que esta responda solo a la gestión de turno. Es lo que está pasando con la nueva imagen que el gobierno quiere levantar y que ya en corto tiempo van dos.
Es hora que reconozcamos que esta debilidad nacional no nos hace bien. Que las personas valen por sus capacidades, que merecen ser reconocidas por sus talentos, que es valioso aprender de los mejores y no tratarlos de achatar a una mediocridad. Que la política no se construye por sobre el otro, sino con el otro. Y que en definitiva seremos un mejor país, en la medida que seamos mejor persona. Es hora que declaremos al “chaqueteo” como el gran enemigo nacional.
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